Educacion y arte

¿Cómo influyen los medios de comunicación en la educación artística?

Artículo de opinión sobre la influencia de los medios de comunicación en nuestra educación artística.

Jose Luis Brea en su libro «El tercer umbral» previó antes de que se desarrollara Postinternet que seríamos consumidores de imágenes. Es decir, al igual que consumimos aire al respirar vemos imágenes que no perduran mucho tiempo en nuestras retinas. El gran lujo hoy por hoy es el de la contemplación. Un ejemplo de ello, lo encontramos en el Bicentenario del Prado. De sobra es conocido que durante todo el año ha habido una programación especial, pero algunas fueron a puerta cerrada, sólo para unos pocos afortunados. Por tanto, nos encontramos con que uno de los pianistas más famosos del mundo, Lang Lang, toca junto a «Las Meninas» de Velázquez en un museo cerrado para unos pocos.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con los medios de comunicación? El consumo de imágenes y la ausencia de contemplación es producto de los medios de comunicación (además de otros factores como el uso del tiempo). Estamos saturados de información y esto provoca que seamos más proclives a engullirla sin ser capaces de procesarla. Si reflexionamos sobre ello, podemos ser conscientes del cambio de paradigma que se viene produciendo desde la aparición de los primeros medios de masas.

Para explicar esto me remonto a la Guerra de Vietnam. Este conflicto bélico tuvo como ítem que fue el primero de la historia en ser televisado. Estados Unidos había participado anteriormente en la Guerra de Corea pero esto no había tenido consecuencias sobre la opinión pública. En cambio, en Vietnam ocurrió algo diferente, se televisaba a diario mostrando la crudeza de la guerra y además ya existía la televisión a color. Las imágenes del campo de batalla junto a la repatriación de los cadáveres de los soldados estadounidenses fueron factores determinantes que hicieron que la opinión pública se posicionara a favor de la retirada.

Basta con comparar esta anécdota con la actualidad ¿Qué sucede hoy en día cuando vemos la televisión?¿Reparamos en lo que vemos?

La cantidad de noticias precede a la calidad. Se busca la notoriedad a través del impacto emocional en una sociedad que no ha sido educada en la gestión de emociones sino en la disciplina. El resultado genera prensa sensacionalista, programación basura y, sobre todo, aleja a los menores de 30 años de medios tradicionales como la televisión.

Abandonamos los medios profesionalizados para dar pie a otros en los que todos podemos ser emisores. Podría ser el caso de este blog. Por ello, debemos pensar hacia donde se dirige la educación. Es necesario educar no haciendo hincapié únicamente en incorporar los medios de comunicación como complemento del aprendizaje sino en formar a buenos comunicadores.

Los buenos comunicadores reconocen el valor de una noticia, eligen a qué dar prioridad, saben encontrar fuentes fiables, leer los datos… Es decir, los buenos comunicadores son, a su vez, buenos consumidores.

Sucede algo similar con la educación artística. Los medios de comunicación nos ofrecen lecturas superficiales del arte. Preferimos la estética y la técnica a la crítica y la reflexión.

instagram arte

Como no podía ser menos, la estructura de las instituciones educativas del arte se centran en una estrategia autoritaria. El desarrollo de los programas se centra en satisfacer el gusto. Se demanda a los alumnos copiar los juicios de valor procedentes de sus profesores y que éstos tomaron de sus antecesores. Por lo tanto, ya habría un modelo que el alumno podría utilizar para saber «qué hace bien y qué mal». Pero como artistas, supeditar el arte a algo que hacemos bien no tiene cabida.

En definitiva, la estructura social y política detrás de los medios de comunicación es la misma que la de las instituciones educativas. Subyace, en todos los aspectos de la vida. Si queremos romper las pautas de este sistema deberíamos empezar por formar a buenos comunicadores a través de una estrategia que no orbite alrededor de la figura del profesor sino que sea agente necesario para guiar el aprendizaje por una serie de herramientas útiles. Las construcciones críticas deben surgir del alumno y no deben ser dadas o impuestas.

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