Entendiendo a Kandinsky

Filosofía, punto y línea sobre el plano

Wassily Kandinsky es hoy conocido como uno de los pioneros y principal teórico de la abstracción pictórica. Tras un inicio en la producción artística que podría considerarse tardío (empezó a pintar con 30 años) y sus primeras aproximaciones a las corrientes naturalista e impresionista, inició la experimentación formal y cromática en que fundamentó “De lo espiritual en el arte” (1911), su principal tesis artística.

Sus reflexiones en torno a la liberación de la pintura de la externalidad de los métodos tradicionales y la noción de espiritualidad guardan una estrecha relación con el tratamiento de la cuestión estética en el ámbito filosófico de los siglos XVIII y XIX. Es oportuno, por tanto, considerar que la comprensión de sus fundamentos nos acercará a la realidad en que Kandinsky desarrolló sus planteamientos respecto a la abstracción, arrojando luz sobre su significado e implicaciones.

¿SENTIMOS?, ¿PENSAMOS?

El desarrollo del concepto de la estética y su relación con las obras de arte tuvo su punto álgido en la confrontación de las posturas racionalista y sentimentalista a lo largo del siglo XVIII.

Por su parte, la corriente racionalista asentada en Europa a comienzos del siglo XVIII comprendía las valoraciones estéticas como el resultado de procesos deductivos y egoístas. Señalando estas dos facetas planteaban, por un lado, la negación de que este tipo de juicios pudiesen ser intuitivos e inmediatos y, con respecto al egoísmo, la necesaria implicación del interés personal para pronunciarse sobre la belleza o el valor de algo.

Muchos críticos y filósofos se alinearon en oposición a estos principios y desarrollaron las primeras teorías del gusto, término al que se refirieron como:

<< […] un sentido que nos es dado por la naturaleza para distinguir si algo actúa de acuerdo con las reglas de su arte. >>

Jean-Baptiste Dubos

<< […] el poder de la mente, por el cual percibimos lo que es bello.>>

– Thomas Reid

Este vínculo con la sensibilidad es reminiscente de las críticas de Kandinsky al uso y creación del arte <<para fines materiales>>. Afirmó que <<el arte pierde el alma>> cuando en él prima la factura, tanto en su elaboración como en su apreciación, advirtiendo una obsesión por el “cómo” frente al “qué” como el resultado de la contemplación del arte <<con ojos fríos y espíritu indiferente>>.

¿El antídoto? Entenderemos la vía de la espiritualidad de Kandinsky analizando las respuestas que la filosofía sentimentalista dio a los ejes principales del argumento racional.

INMEDIATEZ: ¿CUÁNDO SENTIMOS?

Una de las figuras más destacadas de la corriente discrepante del racionalismo fue David Hume. Desarrolló su teoría de la estética ubicando la valoración estética en el terreno inmediato de lo sensorial y lo sentimental, siendo además posterior e independiente del ejercicio de la razón.

Improvisación 31 (1913) – National Galley Art, Washington, USA.
<<Expresiones principalmente inconscientes […] de procesos de carácter interno>>.

La jerarquía de procesos en que resulta este razonamiento permitió que dejasen de ser considerados mutuamente excluyentes, siendo estos términos en torno a los cuales Kandinsky discutió los efectos del color sobre el espectador de una obra, distinguiendo un <<efecto puramente físico>> y otro <<psicológico>>.

Explica que el efecto físico se centra en la observación de las cualidades visuales del color, <<superficiales>> y que <<no dejan una impresión permanente cuando el alma está cerrada>>. Sin embargo, <<cuando la sensibilidad está más desarrollada, este efecto elemental trae consigo otro más profundo, que provoca una conmoción emocional>>.

Al respecto de este segundo efecto puntualizó, además, que <<los caminos que llevan al alma […] y las impresiones sobre esta>> son directos e inmediatos. Enseguida podemos observar que esta reflexión no desentona con el enfoque general del discurso de Hume: la inmediata evocación de un sentimiento a la que está sujeto el espectador depende de procesos de contemplación y razonamiento previos.

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DESINTERÉS: ¿QUÉ ESPERAMOS?

Tampoco quedó sin contraargumento la concepción racionalista del interés personal como requisito ineludible para el juicio estético.

Sobre esta cuestión, fue Immanuel Kant el principal abanderado del sentimentalismo. Planteó que, si bien el juicio de valor de una acción implica un interés en realizarla, el juicio de belleza de una obra no incide en ningún deseo respecto a ella. A raíz de esto, concluyó que las valoraciones estéticas no son prácticas, sino <<meramente contemplativas>>.

Kandinsky realiza una aproximación muy similar a su análisis de la relación artista-espectador que observó en el contexto naturalista e impresionista con el que convivió. Encaminado hacia su renuncia a los medios externos sugirió que, si el espectador no captaba las <<emociones más matizadas>> de una obra era por su búsqueda en ella de <<una pura imitación de la naturaleza que sirva a fines prácticos, […] una cierta interpretación […], o, finalmente, estados de ánimo disfrazados de formas naturales>>.

El jardín del artista en Giverny, de Claude Monet (1900 – impresionismo). Museo de Orsay, París.

Como Kant, e incidiendo en esta “equivocación” fundamental del arte, opone a este pragmatismo <<las fuerzas puramente espirituales>> para justificar la necesidad de abandonar la obsesión por el <<progreso técnico que sólo sirve y sólo puede servir al cuerpo>>, el cómo de “l’art pour l’art”, para dotar de significado y valor a las obras, el “qué” del sentido interior.

ENTONCES, ¿DÓNDE ESTÁ EL VALOR DE LA OBRA?

Los paralelismos encontrados hasta ahora parecen claros. Sin embargo, las conclusiones que hemos extraído de ellos desprenden nuevos e inevitables interrogantes que también ocuparon las reflexiones de la filosofía de la estética e influenciaron a Kandinsky.

Con respecto al proceso de razonamiento que precede a una valoración estética, Aubrey Beardsley indagó en su relación con las características representacionales (físicas y visibles) de la obra afirmando que el valor estético de un objeto está ligado a ellas de forma exclusiva.

La consideración de la experiencia de valor de una obra como exclusiva de su objeto fija la composición como fuente de este carácter único. Kandinsky también incidió en su importancia distinguiendo en ella dos cuestiones principales: por un lado, <<la composición de todo el cuadro>>, y, por otro, <<la creación de las diversas formas, que se interrelacionan en diferentes combinaciones y se subordinan a la composición total>>.

El uso de un mismo color, por ejemplo, obedece a una finalidad distinta en la composición de una obra u otra. Sus propiedades físicas son, por tanto, vehículo hacia la experiencia del “sentido interior” de la composición, no continentes de la experiencia en sí misma.

<<Un buen dibujo es aquel en el que no puede alterarse nada en absoluto sin destruir su vida interior.>>

– Wassily Kandinsky

En sus antonimias del color, Kandinsky desglosa las propiedades físicas de cada pigmento para dar explicación a sus cualidades evocadoras: <<la representación cromática del estado de ánimo de un hombrela representación cromática del estado de ánimo de un hombre>>.

La respuesta a la otra gran incógnita sobre cómo lograr usar ese medio hacia la experiencia nos la da Kandinsky al advertirnos de la indiferencia hacia la que nos inclina la experiencia, nuestro conocimiento a priori: <<Una vez hechas estas experiencias […] los conocimientos se almacenan en la mente. El interés intenso y poderoso desaparece>>. Una noción similar a la tesis kantiana del desinterés: contemplación y desarraigo del propio ego para la adecuada apreciación del arte.

¿A QUÉ CONCLUSIÓN LLEGAMOS, KANDINSKY?

Si hay un hilo conductor en “De lo espiritual en el arte”, se trata de la necesidad interior, que Kandinsky asocia a tres facetas de expresión del artista: <<como creador>> (su personalidad), <<como hijo de su época>> (su contexto) y, por último, <<como servidor del arte>>.

Este último aspecto enarbola todo su razonamiento en torno a los medios espirituales de creación y contemplación artística. Es la <<ineludible voluntad de expresión de lo objetivo>> que mueve el arte hacia la adquisición de un significado. Es guía, incluso, en la composición de la obra pictórica, rigiendo <<la armonía de los colores>> y <<el movimiento aparentemente arbitrario de las formas sobre la superficie del cuadro>>.

<<[…] esta tendencia hacia lo no-natural, lo abstracto, la naturaleza interior […] responde a la frase de Sócrates: ¡Conócete a ti mismo!>>

– Wassily Kandinsky

La evolución del arte a lo largo del tiempo, de la mano con el desarrollo del individuo y su contexto, bebe del desafío a los principios y la teoría. <<Las formas aceptadas hoy son una conquista de la necesidad interior de ayer>> y nunca deben ser nuestra última palabra.

2 thoughts on “Entendiendo a Kandinsky

  1. Muy interesante Alberto. Gracias por tu esfuerzo en concentrar algunas de las principales ideas filosóficas que pueden ayudar a explicar la abstracción. Para mí Kandinsky fue un gran iniciador en la búsqueda de nuevas formas de expresión artística alternativas a la pintura figurativa tradicional, y su papel como teórico y profesor de la Bauhaus desde luego contribuyó a su difusión. Coincido contigo en la reflexión sobre los efectos físicos y psicológicos o sentimentales de la forma y el color, porque es básica para entender el arte del siglo XX. También hay que admitir que a veces los artistas modernos se justifican en exceso, como hicieron a través de los manifiestos fundacionales de las vanguardias. Recomiendo a este respecto un video bastante crítico de Antonio García Villarán, que puede serivir para confrontar puntos de vista: https://www.youtube.com/watch?v=y_dsEX0Dlpg Un abrazo y seguimos en contacto.

    1. Hola Josué,
      Te agradezco mucho que hayas leído el artículo.
      Es un punto de debate muy interesante el que planteas sobre la justificación que puede necesitar o no un artista realmente. Con el cariño que tengo a Kandinsky, hasta leyéndole a él he tenido la mosca detrás de la oreja jajaja
      Personalmente, creo que el punto de validez de un manifiesto de este tipo radica en que su teoría no sea lo único que tiene que decir la obra del artista, que transpire un motivo y un significado. A este respecto Kandinsky me resulta convincente.

      PD: Buena recomendación. Conocía a Antonio García Villarán y la verdad es que hace una muy buena labor de divulgación.

      Un abrazo para ti también, espero que sigamos leyéndonos.

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