Desbloquea tu creatividad

El otro día escuchaba a Olafur Eliasson en el documental de Netflix, Abstract, decía que a él las ideas le llegan trabajando, a mi parecer parafraseaba un poco a Picasso, tal vez, en ese intento de los artistas cotizados por proyectarse como genios y que poco o nada ayuda al resto a pensar en su proceso creativo.

Olafur Eliasson
Fotograma de Abstract dedicado a Olafur Eliasson

Sí, en su propio proceso, cada uno el suyo. Nadie puede escribir acerca de cómo desbloquear la creatividad o puede hablar de la existencia de genios. Cuanto antes entendamos cómo funcionamos y empecemos a dejar de pensar en que no somos genios, mejor, pues los genios no existen.

A estas alturas te habrás dado cuenta de que el título de esta publicación es engañoso. No estoy capacitada para dar consejos sobre creatividad, pero puedo contarte cómo la trabajo. Empezaré con un consejo que no es mío. De hecho, en la historia de cómo lo recibí radica también porqué decidí seguirlo.

Un buen día cogí el metro para ir a clase, llevaba unos cien apuntes del natural que debía entregar al profesor de dibujo. Encontré un sitio y respiré aliviada, el camino era largo. A mitad del trayecto entró en el vagón un hombre muy mayor. Se notaba que le costaba respirar y le cedieron el sitio a mi lado. Miraba los dibujos en mi regazo con curiosidad. Se decidió a preguntarme si podía verlos.

Fui enseñándoselos, me contó que había sido profesor de pintura, que mis dibujos se parecían un poco a los de Giacometti y a raíz de esto hablamos del libro de James Lod dedicado a este artista.

Decidí contarle algo que me preocupaba desde hacía casi un año y que a veces, me hacía pensar en dejar Bellas Artes. No creía que el plan de estudios se adaptara a las necesidades que íbamos a tener fuera. Cuatro años desaprovechados en conocimientos poco útiles que no me permitirían competir con un artista que hubiera estudiado en el extranjero.

La conversación tomó un tinte de seriedad. Me dijo que lo que había aprendido después de tantos años siendo profesor y pintando es que un artista necesita sobre todo leer. Me insistió mucho en ello, antes de despedirnos sólo me dijo que me dedicara a leer.

Pensé en la quietud de la conversación y decidí seguir su consejo. Un año más tarde tenía algo bueno entre las manos, lo que llaman un proyecto. Funcionaba bastante bien, personas en las que confío mucho por su experiencia me animaron a presentarlo.

Hoy en día, leer me sirve para pensar y elaborar de forma más compleja, las ideas dejan de ser simples y empiezan a ser interesantes porque gracias a los libros están bien hiladas.

Además, este verano empecé a llevar un cuadernillo siempre que leía. En él apuntaba frases, párrafos, hojas enteras… me dí cuenta de que recordaba todo con mayor facilidad y si no lo recordaba me era mucho más sencillo buscarlo.

En la carrera de publicidad nos aconsejaban siempre que apuntáramos las ideas, «pueden ser útiles en el futuro» nos decían. Algo así pasa con el cuadernillo, si lo alimentas poco a poco acaba dando sus frutos. He podido comprobar recientemente que me funcionaba, me ayuda a elaborar razonamientos, a argumentar mis opiniones, en definitiva, las conversaciones se vuelven más ricas y las ideas resucitan.

Pero aún así, hay momentos en los que siento que el proceso creativo no me dirige a ninguna parte. Son los períodos de bloqueo creativo. Normalmente existe una respuesta emocional detrás. En concreto, una que va ligada a la toma de decisiones durante el proceso. El miedo a equivocarnos, me provoca estrés e inseguridad, hace que no me decida a tomar un determinado riesgo, por pequeño que sea.

A raíz de esto me topé con un libro titulado «Piensa como un artista» de Will Gompertz, un ex director de la Tate y editor de arte de la BBC. Gompertz cuenta que no tiene las fórmulas para fabricar artistas pero que sí ha conocido a muchos y ha podido observar similitudes. Entre ellas, que los artistas creen en sí mismos, adquieren riesgos y no tienen miedo a equivocarse.

Portada del libro Will Gompertz.

Me hubiera gustado adoptar una actitud parecida a la de los artistas según Gompertz hace unos meses. A final de año presenté un nuevo trabajo en lo académico, mi profesora y una compañera se dedicaron a destrozarlo en plena clase. Me encontré a mi misma echando tierra sobre mi cadáver y convencí a mi pareja de no presentarlo a una convocatoria. Tres meses más tarde, me pasé a ver el resultado de dicha convocatoria y pude comprobar que nuestro trabajo se hubiera adaptado perfectamente a lo que el jurado esperaba. Descubrí que el miedo a no exponerlo de nuevo nos había perjudicado. Así que decidí adoptar una actitud nueva, además de no escuchar al resto cuando las crítica no es constructiva, no ayuda y va directa a rechazar tu trabajo, me encaminé a probar suerte a pesar de no tenerlas todas conmigo.

Lo que aprendí de todo esto es que el proceso creativo y los bloqueos no acaban cuando ejecutas la idea, se perpetúan hasta una vez materializada. Por ello, deberíamos pensar en afrontar riesgos. Una vez tomados, la idea se transforma y el proceso se enriquece. Si no acaba como la proyectamos no pasa nada, habrá funcionado de otra manera diferente pero habrá sido un camino necesario.

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