Carteles de cine: un nuevo mercado

Por qué se están pagando millones de dólares por cartelería antigua

Si iniciásemos un recorrido por los pasillos de una imaginaria “Gran Hemeroteca del Cine”, encontraríamos en las secciones dedicadas a la etapa clásica (1900-1960) un amplio repertorio de las ilustraciones que acompañaban la promoción de sus películas. 

En aquella época (y algunos años posteriores), grandes artistas como Bob Peak, Drew Struzan o Richard Amsel eran contratados para plasmar en cartulina una historia que el público, más tarde, ansiase ver en la gran pantalla. La cartelería era, además de una herramienta de marketing, arte.

De izquierda a derecha, carteles de «La cosa del pantano» (1982, Wes Craven), «Tarántula» (1955, Jack Arnold) y «Los Goonies» (1985, Richard Donner).

ORIGEN DE UN MOVIMIENTO

En los 90, y a raíz de la reciente aparición de la manipulación fotográfica, tuvo lugar un cambio de paradigma en la ilustración de los carteles de cine. Marcado por la aparición de nuevas herramientas para el tratamiento y modificación de imágenes, la orientación de esta nueva tendencia hacia la simplificación dio pie a la aparición de las “cabezas flotantes”.


De izquierda a derecha, carteles de «Star Wars: Episodio 3» (2005, George Lucas), «Los Vengadores: Endgame» (2019, Anthony Russo y Joe Russo) y «El quinto elemento» (1997, Luc Besson).

En un vistazo de pocos segundos sabemos quienes son los personajes principales, las estrellas que el gran público quiere y va a ver. Es este planteamiento lo que dio pie a que los productores, los publicistas y, principalmente, los actores ganasen poder sobre la cartelería, en detrimento de los artistas, que llegaron a ver cómo el marketing imponía manipulaciones sobre su obra final.

En este escenario, no parecía que el mundo de la ilustración de carteles fuese a recuperar pronto la relevancia perdida.

Sin embargo, ya en el inicio de los 2000, muchos ilustradores seguían dando salida a sus diseños en ámbitos como la serigrafía de camisetas o la cartelería de conciertos y festivales. Generaron una voluntad de reincorporación de la ilustración en el cine desde su enfoque a través de esas nuevas vías descubiertas.

A raíz de esta nueva corriente, y desde entonces, se han sucedido grandes congregaciones de creadores y aficionados (como la Mondo-con en EEUU, organizada por Mondo Tees), dando lugar a un emergente mercado de compraventa y coleccionismo de carteles.

1 MILLÓN POR EL CARTEL DE “METRÓPOLIS”

1.2 millones de dólares, esa fue la puja final que se realizó por un lote de carteles en el figuraba la ilustración de Heinz Schulz Neudamm para la película “Metrópolis” (2012, Los Ángeles).

Cartel de la película «Metrópolis» (1984, Fritz Lang)

Aunque cabría discutir la influencia de la nueva corriente de ilustración sobre este caso concreto, sí es un ejemplo esclarecedor del vigor del que gozan las transacciones del mercado de coleccionismo en este ámbito.

PELIGRO DE SATURACIÓN

Muchos ilustradores, alarmados por la creciente voracidad del coleccionismo de este tipo de ilustraciones, frecuentemente relacionada con la demanda y producción deliberadas de tiradas de unidades muy limitadas, han comenzado a advertir los peligros del estallido de su propia burbuja.

Esta situación se ve acrecentada por las dificultades que deben afrontarse a la hora de conseguir licencias para acometer sus proyectos. Incluso una vez conseguidas pueden aparecer trabas con respecto al aspecto del producto final.

Quizá esta situación arroje luz sobre la necesidad de discutir y redefinir los límites de la propiedad intelectual, así como las imposiciones que, directa o indirectamente, implica sobre la producción artística.

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